La risa es lo más parecido al orgasmo y el orgasmo a la risa

La risa es lo más parecido al orgasmo y el orgasmo a la risa

“Fascista hijueputa, Fascista hijueputa” gritaba él, mientras Morgan ladraba con esa voz ronca de perro viejo. El señor de la puerta se defendía sin gritar y maneaba la cabeza negativamente. ¿Qué era lo que le habían hecho?, se preguntaban los que estaban en la fiesta. Se cansó de insultarlo y se fue tambaleando por la lluviosa calle de San Antonio. Siguiendo sus pasos, iba, por supuesto, Morgan. Luego preguntaron qué le pasaba, les dijeron que no habían dejado entrar a Morgan a la fiesta, ahí estaba dibujado, en la mitad de la noche, Hernando Guerrero.

 

A pesar de ser fotógrafo, Hernando no carga una cámara en su mano, ha decidido en cambio sostener una botella. Con sus palabrotas y risotadas pasa sus tardes en La Colina, una vieja tienda que guarda botellas antiguas y acoge a extranjeros peli amarillos, estudiantes universitarios y vecinos del barrio. “Vengo porque no tengo nada más que hacer, todos los días camino desde el norte hasta acá con Morgan, salgo entre la una y las dos y almuerzo en el camino”, dice mientras bebe MacGregor, un whisky barato. “Morgan no es mi mejor amigo, es mi hermano, lo escogí porque era el más simpático de los hijos de Tola, una perra que me regaló una hippie”.

Pero Tola no corrió con la misma suerte de Morgan; mientras él come grandes huesos y anda por Cali con Guerrero, Tola debe estar en alguna especie de cielo perruno, pues la mataron los paramilitares en La Cumbre.

“Esta tarde solo me ha tocado el sol, nadie ha venido a hablar conmigo” dice Hernando mientras seca sus lágrimas “¿Es que vos no supiste? se me fue mi compañero, mi hermano”. Bebe de su botella como si fuera agua. Ya todos en San Antonio lo sabían, había muerto Morgan.

 

cronicadianacaicedoSon las cuatro de la tarde, la esquina del movimiento del barrio San Antonio no le hace honor a su nombre. Está quieta y cobijada por ese manto amarillo del que muchos se quejan, ventea y mientras los obreros de Postobón surten la tienda y hacen bromas entre sí, se ve llegar a Guerrero con una camisa manga larga, arrugada, una boina a cuadros, su maleta, una mochila y una gran sonrisa. Mordiendo la mochila va una figura de manchas blancas y negras, es Lutesia, su nueva perrita, que lleva un collar rojo y saluda a todos los presentes batiendo su cola bicolor. Guerrero saluda y va a la tienda La Neblina , compra una Poker y se sienta a mirar la calle…

Pasan chicas y él las piropea, acaricia a la perrita y dice: “Le puse Lutesia porque nosotros lo romanos y los griegos fundamos París y así le pusimos” todos ríen.

La casa de Guerrero es grande, huele a comida de gato. Al entrar se oye la voz de una periodista entrevistando a un político, las voces vienen de un radio negro que reposa sobre unas novelas de vaqueros, una botella de capitán Morgan está entre ellas.

Rosa es muy amable, lleva trabajando en la casa diez años, le prepara a Guerrero huevos con arepa, frutas y café al desayuno. “Don Hernando se está bañando, pero si quiere siga”. Hay un solar con enredaderas que cubren los ladrillos y en el suelo hay escombros. En las columnas hay fotografías de París enmarcadas, tomadas por él; algunas tienen ya el vidrio astillado y con el polvo tienen una apariencia grisácea. Lutesia sale moviendo la cola.

“Amores, pues tuve muchos, con mi novia de la adolescencia íbamos todos los días al parque del acueducto, donde enterramos a Morgan. Otra es Mirta García, la mamá de mi hija, la conocí en Quito; Yo fui a dar allá porque en el verano del 70 con Pakiko Ordoñez y Hernán Toro, fuimos a la posesión de Allende, yo estaba muy radicalizado políticamente, era delegado de estudiantes de la USC y el día que llegamos a Cuenca, Ecuador, Velazco Ibarra se declaró dictador, ese man había sido presidente durante cinco años y entonces la policía Velazquista nos la montó y nos tocó salir pitados. El hecho es que no pudimos llegar a Chile y el tiempo se pasó y Allende se posesionó. Nos fuimos para Quito a tratar de sacar el pasaporte que me robaron, o bueno se me perdió, allá estaba viviendo Alejandro Buenaventura y un compañero de él era amigo de Mirta y la hermana. Yo estaba enamorado era de la hermana mayor. Mirta era como decir mi amiga; pero ahí fue que le eché la carreta de que yo iba a abrir una… ahí fue que me nació la idea de Ciudad Solar. El caso es que yo me fui a… ¿cómo es que se llama ese pueblo?… Esmeraldas, y de ahí a Tumaco, de Tumaco llamé a mi madre a decirle que me iba a retirar de la universidad, que quería montar un centro cultural.

 

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Don Heriberto, el vigilante de la cuadra, dice que Guerrero vive aquí hace muchos años, que su familia se fue para Estados Unidos y lo dejaron cuidando la casa; en el garaje hay un Volkswagen vino tinto con cajas adentro y asientos, papel periódico y otras cosas encima, ahí don Heriberto guarda su maletín y almuerza, también guardan la bicicleta de un vigilante vecino. Luego de treinta minutos se escucha desde el interior de un cuarto el grito de Guerrero: “ya salió el príncipe de tomar sus baños, ya está lista Lady Di”. Y se oye una carcajada. Sale del baño con unos zapatos crocks y un termo en sus manos, tiene puesto un jean y una correa de taches, mientras habla de su reciente viaje a la cumbre se aplica una crema en los pies y hace chistes sobre políticos.

Un día estando ya en Ciudad Solar, llegó Mirta con las maletas y dijo que le había sonado mucho el proyecto, Mirta se enamoró de mí y yo me saturé, todos nos saturamos de todos allá, por eso yo me fui para Europa, la convivencia era muy puta: vivir, trabajar, follar, y fumar era un error, cuanto mochilero de la época llegaba pegaba para allá. Mi mamá decía que Ciudad Solar era un pretexto para follar y fumar marihuana, y como en ese tiempo era la liberación sexual…Eso duró del setenta al setenta y tres.”

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Lutesia trapea el piso con el gato y Guerrero ríe. El comedor es antiguo, de hecho aquí todo es antiguo, tiene seis asientos y encima de la mesa está la maleta de guerrero llena de revistas, su gorra y su palo de guadua. Hay muchas habitaciones aquí, seis baños y solo dos en uso, hay muchas puertas que dan a distintos lugares, el sagrado corazón de Jesus reposa sobre una de las paredes de los cuartos, hay también revistas, discos LP, lámparas viejas, cuadros… su biblioteca ocupa una habitación entera: los libros están empolvados, con comején y algunos tienen adheridas las páginas por la humedad. “Don Hernando no viene mucho aquí, solo cuando necesita un libro y se vá”, dice Rosa, quién también a su favor manifiesta que la casa está desordenada pero que cuando ella ordena Guerrero se embejuca. “Para tratarlo a él hay que tener es paciencia, hay que tener la calma y aconsejarlo cuando está de buenas pulgas”, continúa.

En el cuarto de Hernando hay una cama, una alfombra, revistas de condorito, un nochero y un solarcito donde algún día hará una pajarera. Tiene unos puntos en la cabeza: “me caí y me enterré las gafas anteayer bebiendo solo, mi mamá decía que esta casa no esta hecha para niños ni viejos, tiene muchas trampitas. Me puse a beber desde temprano y mi ritmo es desde las cinco o seis, ahí si la cagué”.

Hernando reguero le dicen algunos, “ese señor anda siempre con un perro y con un mundo de periódicos, se sienta ahí y habla con todo el mundo, habla muy duro. Yo pensaba que era drogadicto, pero luego me dijeron que es que él es muy tomador” dice doña Ana mientras se rasca la cabeza llena de plateados cabellos.

“Hernando es un híbrido entre el limón y la grosella”, dice Carlos Mario su mejor amigo.

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En su casa, como en su vida, hay mucho espacio para la soledad, pero él tiene la risa impregnada en los días, no se guarda ningún comentario y es como un periódico andante, se sabe los árboles genealógicos del Cali viejo y siempre está en el camino sacándole risas a la gente. Vive recordando quién fue y a veces olvida las fechas, pero su historia está intacta, indeleble en su mente.

Desde una esquina de San Antonio se oye un radio sonar, una morena contonea sus caderas loma abajo y la voz de Guerrero no se hace esperar: “esa negra se nota que es muy buen polvo”, de nuevo su risa dibuja la tarde Caleña.

 

0 0 1666 26 Octubre, 2012 Reportajes Octubre 26, 2012

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