Como de costumbre, Alfredo Tabares se acerca. Su blanca sonrisa ilumina por entero el lugar. Junto a su ”caminao” van decenas de miradas. Con sus manos en el bolsillo y su...
La tarde rodeaba su rostro y una pequeña silueta le ponía flores en la cara. Su ojo derecho veía entre bosques, pero el izquierdo, agotaría la fantasía al encontrarse libre de obstáculos: No era su primera vez.