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El ‘Radioperiódico noticias y comentarios’ de la ‘Voz del Valle’
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El ‘Radioperiódico noticias y comentarios’ de la ‘Voz del Valle’

Un breve paseo por los primeros años de la radio en santiago de cali.

Artículo Tipo 2, de reflexión según clasificación de Colciencias.Este artículo hace parte del trabajo grado “Algunos rasgos de la historia de la radio en Cali y algunos aspectos de la historia de Cali en la radio: el caso del radioperiódico ‘Noticias y Comentarios’ de ‘La Voz del Valle’”, investigación realizada por Alberto Isaza Gil, Diana Patricia Benítez y Andrea Mesa Villegas, para obtener el título de Comunicadores Sociales y periodistas de la Universidad del Valle.

Desde principios de la década de los años treinta, cuando comenzó a comercializarse con firmeza, la radio, de acuerdo a muchos intérpretes, impactó con una fuerza inusitada la vida social de los colombianos. Era de esperarse: la prensa escrita tenía una cobertura muy limitada y la televisión era algo menos que un artefacto inimaginable, más aún, en un país precariamente tocado por los avances tecnológicos. En efecto, aunque no puede perderse de vista que el proceso de consolidación de la radiodifusión en sus primeros años, estuvo sujeto a diferentes limitantes, de acuerdo a Alejandro Ulloa, poco a poco “(…) su incidencia en la rutina familiar comenzó a fracturar el tiempo y la cotidianidad de hogares y residencias urbanas y se extendió rápidamente hasta modelar sueños y deseos, conductas y opiniones, al incitar al consumo, al promover las ideas políticas o las creencias dominantes” (Ulloa, 1992, p. 341).

Pese a este aparente protagonismo que tuvo la radio desde sus orígenes, en términos generales, es posible afirmar que la historia de la radio en Colombia ha sido precariamente investigada. Son pocos los estudios que se han hecho alrededor del desarrollo de este medio de comunicación y los que existen están concentrados fundamentalmente en las experiencias bogotana y antioqueña, regiones en las que la radio consiguió más dinamismo cuando aún era novedad, en tanto que en lo concerniente al devenir de la radiodifusión en ciudades intermedias como Santiago de Cali, se conoce muy poco.

Gran parte de las huellas de la historia de la radio nacional se han perdido por dos razones fundamentales: en primera instancia, porque los pioneros, aquellos que tiraron las primeras piedras, ya no están, y en segunda medida porque a diferencia de lo que podría pasar con la prensa, la palabra en la radio es efímera. Hoy día, considerando la escasez de fuentes tanto documentales como humanas, se hace complejo reconstruir el devenir de aquel medio de comunicación, de manera que la aparición de una fuente histórica, por muchos años desconocida, como los libretos del radioperiódico ‘Noticias y Comentarios’, dirigido por Ramón Elías Recio, resulta de gran relevancia para tratar de reconstruir algunos rasgos de la radio, cuando apenas llegaba a la nación.

Ahora bien, está claro que la reconstrucción de la historia de la radio no puede limitarse solamente a la enunciación de una serie de datos que precisen, por ejemplo, cuántas emisoras existían y con qué tipo de programación contaban, sino también y fundamentalmente, poder problematizar o plantear un acercamiento acerca de la función social de la radio y en esta misma medida del posible impacto que pudo tener en la comunidad. Este ejercicio puede emprenderse analizando los libretos del citado radioperiódico, a través de los cuales es posible dilucidar tanto algunas de las características fundamentales de la radio en sus orígenes, como algunos rasgos de la cotidianidad y los imaginarios de la sociedad caleña de la época. Resulta un ejercicio muy interesante leer estas líneas y procurar así introducirse en la mentalidad de quienes las escribían para aventurarse a descifrar con un tanto de justicia el carácter y la visión de mundo que tenían estos individuos en el momento en que se redactaron los discursos radiofónicos. Tratar de leer la ciudad y sus dinámicas; intentar descifrar los imaginarios de algunos grupos, sus miedos ontológicos, las necesidades sociales por las que propendieron en su momento, las cuales estaban esencialmente relacionadas con el sostenimiento de una comunidad en equilibrio, moralmente íntegra, presurosa por saborear las mieles de la modernidad, pero a su vez, temerosa de que ésta misma desbarajustase un orden moldeado desde el pasado, el cual había estructurado y brindado estabilidad y seguridad a la sociedad.

Seguramente se pueden plantear análisis muy interesantes sobre la historia de la radio a partir de géneros radiales como los espacios musicales o las radionovelas, tal y como lo ha esbozado en algunos apartes de su trabajo investigativo el profesor Reynaldo Pareja, sin duda el más disciplinado estudioso del devenir de este medio de comunicación en el país. Sin embargo, seguramente los radioperiódicos ofrecen posibilidades inmejorables frente a otros géneros radiales, pues es a través de ellos que pasó mucho de la realidad social y la correspondiente interpretación que se hacía de ella, por parte de los productores de los contenidos radiofónicos. Esto, al menos, es lo que puede leerse a través de los libertos del radioperiódico ‘Noticias y Comentarios’, el cual más que en un simple medio de entretenimiento o de información, podría ser considerado como un verdadero mediador entre los oyentes y su entorno, considerando que entre uno y otro hay un discurso de por medio, es decir una representación (ideológica) de la realidad.

Breve panorama de la llegada de la radio al país

De acuerdo a los pocos cronistas que se han ocupado del tema, la historia de la Radiodifusión en Colombia puede comenzar a contarse desde el 7 de Agosto de 1929, fecha en la que el presidente Miguel Abadía Méndez inauguró la estación oficial HJN, conocida más tarde como la Radiodifusora Nacional (Pareja, 1978, p. 2). Su despegue real sin embargo, está fechado para un año después, 1930, momento en el gobierno nacional comenzó a otorgar las primeras licencias oficiales de funcionamiento, permitiendo así su comercialización. Es en el marco de este período que la radio experimenta un desarrollo más claro: emprende un proceso de estructuración técnica y financiera, a la vez que comienza a explorar y a definir sus contenidos, procesos que atravesarán toda la década y los cuales estarán fuertemente signados por la situación económica y política del país. Ahora bien, a pesar del aparente desarrollo de la radiodifusión, que ganaba cada vez más espacios sociales y comerciales, lo cierto es que durante esta década, los radiotransistores eran costosos, lo cual los hacía en esencia, artículos suntuosos, a los que pocas familias podían acceder. Esta situación, entre otras cosas, provocó que a lo largo de aproximadamente dos décadas, se desarrollara la costumbre de escuchar a este mágico aparato de forma colectiva.

La reconfiguración histórica detallada de la experiencia radial vallecaucana y su aporte al devenir de este medio de comunicación en el país, como ya se señaló renglones atrás, resulta hoy día un trabajo investigativo a grandes rasgos incierto por falta de documentos y de testigos. Esta tarea parece hacerse aún más compleja en el momento en el que se contrastan los pocos rastros bibliográficos que existen, los cuales resultan confusos y contradictorios.

De acuerdo a César Arturo Castillo (1994, p. 24), las primeras emisoras que surgen en Santiago de Cali fueron ‘La Voz del Valle’, nacida en 1930 y ‘La Voz de Colombia’, llamada luego ‘Radio Libertador’, fundada en 1933. En contraste, Luis Fernando Múnera (1992, p. 12), por su parte, registra la llegada de la radio a la región hacia 1931, año en el que se instituyeron ‘HKR’ y ‘La Voz del Valle’. Por otro lado, Alejandro Ulloa Sanmiguel (1992, p. 340), si bien concuerda con Múnera en identificar a 1931 como el año en el que se inaugura la radiodifusión en el Valle del Cauca, en cabeza de Enrique Olaya, fundador de la ‘HKR’, discrepa en las demás referencias. Según Ulloa no sino hasta 1933 se estableció la segunda emisora en la región, denominada ‘Radio Cali’, propiedad de Clodomiro Calderón Núñez; un año después de ésta, en 1934, ‘La Voz del Valle’ fundada por los hermanos Jorge y Miguel Rivas, en compañía de Eduardo Córdoba; y en 1936 ‘La Voz de Colombia’ fundada por el señor Rafael Angulo. Finalmente, en este intrincado desacuerdo de fechas y nombres, entra a terciar una de las publicaciones más tradicionales de la ciudad: la revista ‘Despertar Vallecaucano’. En un par de artículos que pretenden reseñar los orígenes de la historia de la radiodifusión local, sentencia: “La primera emisora que se instaló en el Santiago de Cali fue ‘La Voz del Valle’, fundada por los hermanos Miguel y Jorge Ríos (sic). Empezó transmisiones el 12 de octubre de 1932, con 200 vatios de potencia como emisora de onda larga (…). La segunda emisora fundada en Santiago de Cali en 1934 fue ‘La Voz de Colombia’, cuyo propietario era don Rafael Angulo (…)” (Montoya, 1991, p. 36).

La situación es clara: las contradicciones persisten al mismo ritmo que las fuentes se agotan. Entre estos autores no existen un consenso claro de cuál fue la primera emisora que se instituyó en Cali, ni en qué fecha concreta se estableció ‘La Voz del Valle’, la Emisora en la cual se centra este informe investigativo. Evidentemente la todavía deficiente investigación alrededor de los orígenes de la radiodifusión vallecaucana es la que ha dado pie a este tipo de inconsistencias historiográficas. Ahora bien, más allá de las imprecisiones cronológicas, a veces importantes tan sólo como anécdota, este artículo pretende profundizar sobre otros aspectos más de tipo cualitativo en torno a la radiodifusión caleña de los años treinta.

El radioperiodismo

Retomado a Luis Fernando Múnera (1991, p. 36), durante los primeros años de la llegada e instauración de la radio en el país, ninguna emisora poseía una programación radial firmemente estructurada. En consecuencia, los programas radiales estaban ocupados fundamentalmente de emitir música con discos de 78 revoluciones por minuto, acompañada de algunos mensajes domésticos y familiares. Dentro de su proceso paulatino de maduración la radio nacional comenzó a configurar algunos espacios radiofónicos, emulando los formatos de diferentes programas radiales de países como Estados Unidos, Cuba, México y Argentina, en los cuales la radio ya tenía un poco más de tradición. Se comienzan a introducir así una nueva programación que no tardó en hacerse popular y amasar grandes públicos: los musicales, las radionovelas, el radioteatro, los programas concurso, y, por supuesto, los radioperiódicos, entre otros.

Los orígenes del radioperiodismo son de igual manera un poco imprecisos. En principio, los radioperiódicos fueron espacios noticiosos en los que la radio expresó su lucha en contra de la inexperiencia y de las mismas limitantes técnicas y humanas, lo que hizo que el periodismo fuera un oficio de alguna manera equívoco, desarrollado por empíricos. Lo que se hacía fundamentalmente a través de estos espacios era que un locutor se sentaba frente al micrófono a leer los periódicos del día, una situación que enfrentó a la dueños de los diarios con los directores de las emisoras o de estos espacios radiales, y que generó un conflicto que llegó hasta los estrados judiciales.

Otra característica esencial de los radioperiódicos hacia mediados de la década del treinta fue el hecho de que se convirtieron en espacios a través de los cuales los dos grupos políticos dominantes difundieron su ideario y la animadversión por sus contrincantes. Conscientes ya del potencial que la radio comenzaba a tener como medio de difusión de masas, en 1934 el presidente Alfonso López Pumarejo fundó el primer radioperiódico partidista ‘La República en Marcha’, trasmitido por ‘La Voz de la Víctor’ y dirigido por Raimundo Aguirre, a través del cual pretendía auspiciar su proyecto político. Preocupados por esta situación que comenzó a convertirse en tendencia, los conservadores, en 1936, organizaron su propia emisora denominada ‘La Voz de Colombia’, comprada por Laureano Gómez, opositor declarado de López (Pareja, 1978, p. 6). Es así como la radio en Colombia comienza la tradición que otrora había instituido la prensa escrita: convertirse en voceros de las ideologías partidistas. En este sentido el radioperiodismo comienza a cobrar especial preeminencia en momentos circunstanciales como las épocas electorales o coyunturas específicas de enfrentamiento político, auspiciando las divisiones y los conflictos, una incidencia que determinó que el radioperiodismo estuviera constantemente amenazado por la censura.

Ahora bien, de acuerdo a Francisco Velásquez Gallego (2003, p. 39), más allá de estas experiencias embrionarias, basadas en transmisiones ocasionales de noticias, reportes escuetos o conferencias de carácter político, el nacimiento oficial del radioperiodismo en el país está asociado a un evento en particular: el 24 de junio de 1935, exactamente a las 3 de la tarde, momento en el cual tras la colisión de dos aviones en el aeropuerto ‘Las Playas’ de Medellín, muere Carlos Gardel junto a algunas ilustres personalidades antioqueñas. Ésta se convirtió en la primera noticia emitida en vivo a través de la radio desde el lugar de los acontecimientos. Tan trascendental primicia la realizó Gustavo Rodas Isaza a través de los micrófonos de ‘La Voz de Antioquia’ de Medellín. Es entorno a este hito de la historia que, de acuerdo a Velásquez, se fundó ‘EL MENSAJE’, el primer radioperiódico que se conoce en Colombia.

De a poco, el radioperiodismo comenzó a definirse y consolidarse como una de las primeras y más importantes funciones de la radio en los años treinta. Así, de leer las noticias directamente de la prensa escrita, la radio comienza a fortalecer la reportería independiente, a afiliarse a las agencias noticiosas y a nutrirse de la información de emisoras internacionales, especialmente en circunstancias trascendentales como los grandes conflictos internacionales.

A propósito de la fiesta del periodista el 11 de diciembre de 1938, bajo el título ‘LOS RADIOPERIÓDICOS DE HOY’, el radioperiódico presenta, a partir de algunos datos claves, una breve reseña sobre los orígenes de este género radial en el país y en la ciudad, los cuales ratifican un poco los datos presentados anteriormente:

LOS RADIOPERIÓDICOS DE HOY

(…) El primer noticiero radioexpandido tuvo lugar en la estación H.K.F de Bogotá “La República Liberal”; luego vino otro radioperiódico en “LA VOZ DE ANTIOQUIA”; después fundó su radioperiódico el doctor Sepúlveda, en una radiodifusora de Bogotá; luego vino la “NOCHE”, fundada hace tres años, por D. Francisco Llanos; después llegamos nosotros, con nuestro hebdomadario “NOTICIAS Y COMENTARIOS”, que cumplió dos años de andar por el aire. Hoy existen por lo bajo 24 radioperiódicos en este país (Radioperiódico Noticias y Comentarios, Boletín Nº 94, diciembre 11 de 1938).

El radioperiódico ‘Noticias y Comentarios’, dirigido por Ramón Elías Recio, tal y como se puede constatar a partir de esta reseña, fue después de ‘La Noche’, el segundo radioperiódico en la región y sin duda, una de las primeras experiencias de este género en todo el país. Este programa radial consistía en la lectura de un libreto escrito, el cual era minuciosamente preparado para ser oralizado al aire. Estos libretos eran redactados y corregidos en detalle, de manera que cada emisión radial correspondía más que a una improvisación espontánea, a un acto reflexivo y detalladamente madurado.

Transmitido por los micrófonos de ‘La Voz del Valle’, desde su sede en el barrio Granada, de Cali, el radioperiódico ‘Noticias y Comentarios’ fue un programa hebdomadario que se emitía los domingos a las 8:30 pm. Sostuvo 1.040 boletines que se extienden desde su primera emisión registrada el 29 de noviembre de 1936, hasta el 14 de octubre de 1962, aunque no estuvo exento de algunas dificultades que lo convirtieron en los últimos lustros de su existencia en un anuario que se emitía en las vísperas de fin de año, a manera de especiales de navidad.

El radioperiódico ‘Noticias y Comentarios’ y su relación con la ciudad

La programación del radioperiódico era bastante miscelánea y serpenteaba por diferentes ámbitos. Los temas a los que aludía estaban relacionados con las dinámicas cotidianas y ordinarias de la ciudad, entre las cuales se encuentran discusiones sobre información política, económica y judicial, chismes punzantes, crítica partidista, escándalos públicos, poemas, campañas educativas de carácter cívico y moral, notas sociales sobre las personalidades más insignes de la ciudad y hasta algunos apuntes curiosos y cómicos. De igual manera, el radioperiódico abrió espacios en los que discutió temas de carácter regional, nacional e internacional. Esta última dimensión recobró especial trascendencia en coyunturas tan significativas como la Guerra Civil Española o la Segunda Guerra Mundial.

Con frecuencia el radioperiódico aludió a eventos pequeños o a circunstancias a primera vista baladíes, los cuales carecerían de importancia de no ser porque para Ramón Elías Recio suscitaron algún tipo de reflexión o dieron pie a la introducción de algún tema sensible o susceptible de crítica o lección moral. Así, todos estos ítems son abordados desde una perspectiva que trasciende el simple ideal de comunicar eventos lacónicos, para pasar a plantear análisis, discusiones, polémicas y, muchas veces, moralejas. Desde los micrófonos y con un claro propósito performativo, Recio manifestó una preocupación por el orden material y moral de la ciudad. Para ello se ocupó, entre otras cosas, de denunciar aparentes irregularidades, resaltar modelos ejemplares y virtuosos, fiscalizar y sugerir maneras de intervenir la ciudad y los comportamientos ciudadanos.

‘Noticias y Comentarios’ fue fundamentalmente un radioperiódico con un profundo énfasis localista, una característica propia de la radio en sus comienzos. En sus discursos es posible advertir un aire de provincialismo, que da cuenta de lo que era Cali y su lugar en la nación para este momento: una ciudad pequeña en vía de desarrollo, cerrada sobre sí misma en diferentes sentidos; una ciudad conservadora, que cargaba con una serie de herencias premodernas y que propendía desde hacía un par de décadas por abrirse al resto del país y del mundo, fundamentalmente gracias a las vías y los medios de transporte como el ferrocarril.

Los rasgos de dicho énfasis sobre lo local se pueden percibir en los contenidos radiales a partir de diferentes elementos: los criterios desde los cuales se elegían los temas que se abordaron, los acentos y las estrategias discursivas a los que se apeló para referirse a dichos temas, la recurrencia y la forma en que se aludía a lo cotidiano y aparentemente anodino, y hasta la misma manera en que se obtenía la información. En lo que respecta a este último aspecto, es posible intuir y encontrar algunas huellas que sugieren que las notas del radioperiódico a menudo surgen de las caminatas desprevenidas por la ciudad, de las conversaciones en los cafés con personajes socialmente reconocidos de Cali luego de salir de la misa dominical, o de las visitas frecuentes al gobernador y al alcalde, las cuales se realizan a manera de una aparente fiscalización, auditoría o informes de gestión.

En términos generales es posible afirmar que estas características están reforzando la idea que permite comprender el radioperiódico, a través de sus contenidos, como un espacio fundamentalmente circunscrito a la ciudad y sus gentes, aún cuando la emisora se preciaba de ser la única en Cali que para el momento poseía onda larga, y por lo tanto, de ser escuchada incluso en el extranjero. Sin embargo, es de resaltar, por supuesto, que dicho énfasis local y provinciano está frecuentemente atravesado por las condiciones generales de la región, del departamento; por las políticas nacionales de la sucesión de algunos gobiernos liberales como el del radical Alfonso López Pumarejo, no muy de los afectos del director del radioperiódico y, finalmente, por una serie de procesos globales que están poniendo en cuestión la tradición y la estabilidad mundial, y cuyos ecos ya se sienten en estas periféricas tierras como lo son por ejemplo la el marxismo y la misma modernización. Este tipo de informaciones o de eventos, por supuesto, cobraban relevancia en tanto que están relacionados directa o indirectamente con las circunstancias locales. Ahora bien, la relación geográfica con todo lo que está pasando más allá del Océano Pacífico y los Farallones, es a menudo conflictiva y compleja. No termina pareciendo una casualidad que muy a menudo la información sobre Bogotá aparezca reseñada en la sección de noticias denominadas como mundiales.

El radioperiódico ‘Noticias y Comentarios’ y el ideal de objetividad

Ramón Elías Recio, el director del radioperiódico, era un cartagüeño sobre el cual hoy día se sabe poco y su figura está prácticamente perdida en la historia de la radiodifusión local. En los libretos del radioperiódico, sin embargo, es posible hallar algunas pistas que permiten distinguir algunos rasgos claves de su personalidad en relación con el desempeño de su oficio. Un buen ejemplo de ello puede advertirse en la manera en que presentó por primera vez su radioperiódico el 29 de noviembre de 1936, en el que se puede leer lo siguiente:

BOLETÍN N 1 29 DE NOVIEMBRE DE 1936.

BOLETÍN QUE DIRIGE Y LLEVA AL AIRE TODOS LOS DOMINGOS RAMÓN E. RECIO

AMABLES OYENTES;

EN ESTA, NUESTRA PRIMERA PUBLICACIÓN, LLEVAMOS A VOSOTROS UN EFUSIVO SALUDO. LA LABOR QUE HEMOS EMPENADO (Sic) Y QUE ESTAMOS SEGUROS HEMOS DE CULMINAR CON HONRA, ANHELA EL AMBIENTE CORDIAL DE VOSOTROS.

LAS NOTICIAS QUE OS DAREMOS ESTARÁN AJUSTADAS A LO LEGÍTIMO Y A LO ECUÁNIME: RECIBIREIS LO QUE NOSOTROS HAYAMOS RECIBIDO. SEREMOS IMPARCIALES EN NUESTROS JUICIOS Y PROCURAMOS QUE NUESTRA COMENTARIOS TENGAN LA FUERZA DE LA JUSTICIA.

CON ESTA NOTA TRIVIAL, ESBOZAMOS NUESTROS SENCILLO PROGRAMA (Radioperiódico Noticias y Comentarios, Boletín Nº 1, noviembre 29 de 1936) 1.

Como es posible de advertir a primera vista, el director del programa inaugura este espacio planteando algo que podría parecer una advertencia a los radioescuchas. El programa asegura representar un ideal de imparcialidad, ecuanimidad y verdad, muy coherente con la concepción del periodismo en algunas etapas concretas de su desarrollo histórico, y cuyo sentido ha estado sujeto a las revaluaciones de la modernidad. El llamado periodismo objetivo en la radio fue inicialmente cultivado en las emisoras estadounidenses y consistía en la lectura de hechos escuetos sin la mediación de ningún tipo de opinión o comentario. Para el caso específico de este radioperiódico, tanto las opiniones como los comentarios son recurrentes; sin embargo, al parecer para el director del espacio la objetividad no se pierde en tanto se diga la ‘verdad’. Desde esta perspectiva, aseveraciones como las que plantean, por ejemplo, que los movimientos sindicales eran destructivos y equivocados, no significaban tomar partido, ser parciales o tendenciosas, sino defender la verdad, y por lo tanto ser objetivos.

Sobre esta posición de defensa de la ecuanimidad se hace recurrente hincapié. El locutor del radioperiódico, hace alarde de esta supuesta neutralidad, como característica que considera fundamental en el ejercicio de todo buen periodista. Ciertamente este tipo de aclaraciones no estaban de más si se tiene en cuenta que para este período la radio está fuertemente marcada por el auge de los radioperiódicos partidistas, y quizás por ello, Recio siente la necesidad de insistir en aquel presunto ideal de objetividad e independencia, pues evidentemente ‘Noticias y Comentarios’ no era explícitamente un radioperiódico partidista.

A menudo es posible advertir en Recio la necesidad de imprimirle una dimensión moral a su trabajo pues consideraba que su principal cometido era decir la ‘verdad’ y defenderla. Se definía a sí mismo como centinela que resguardaba unos principios guiados por su conciencia de buen ciudadano y católico ferviente. Hacía alusión a una susodicha responsabilidad informativa, la cual debía estar regida por la ‘honradez y la verdad’. En el boletín No. 94 del 11 de diciembre de 1938, y apropósito de la conmemoración del día del periodista, Recio presentó una detallada radiografía de lo que para él significaba la delicada e importante labor del periodista, en la que sobresalen un conjunto de valores y obligaciones en el ejercicio de este oficio, los cuales aportan luces para comprender con mayor claridad los discursos del radioperiódico:

LA FIESTA DEL PERIODISTA

Hoy celebra este país la fiesta del periodista. Con espíritu comprensivo, los hombres que viven atareados en una misión de altísimo interés patrio, han congregado sus voluntades en este día y han querido testimoniar su fervor por la obra alta que se realiza. Nosotros nos congratuláramos con saber que esta familiar reunión daba por resultado el hallar una perfecta solidaridad de las fuerzas todas del periodismo, tanto el hablado como el escrito; que se pensara en los deberes duros que es menester realizar; que se tuviera presente la responsabilidad que incumbe a los hombres de la divulgación. Buenas ideas lanzadas al público, buena labor; buenas orientaciones llevadas a lectores y oyentes, buena misión efectuada; empeños honrados, deseos altruistas, apoyo honorable a las autoridades que el bien buscan; centinelas erguidos para defender la gloria, la independencia, la soberanía de la patria; bravo luchar por los sagrados fueros de la cultura moral, intelectual y material de los pueblos; predicación eficaz de una ordenada marcha social; ataque, no sistemático, sino equilibrado, contra aquello que vulnerar pueda el desenvolvimiento justo y merecido de las sociedades; establecer clubs, en donde reunidos constantemente los hombres periodistas, vivan impregnados de altos destinos; que haya estudio permanente, y una mutua comprensión, para tener a todo momento valores equidistantes de la vulgaridad; saber que la publicación, con numerosos detalles de crímenes horrendos, es labor de envenenamiento y detestable (…) (Radioperiodico Noticias y Comentarios, Boletín Nº 94, diciembre 11 de 1938).

A través de esta nota se reconocen varios aspectos sobre la interpretación del ideal del ejercicio del periodismo, en la que se alude a conceptos constantemente presentes en los discursos del programa. En primera instancia la mención al oficio como una misión de alta responsabilidad, en la que el periodista funge como un orientador, un guía, que ataviado de sentimientos altruistas y honorables, orienta los comportamientos cívicos y morales de los individuos.

El concepto de objetividad, según el director, está ligado a los principios de verdad que a su vez están determinados fundamentalmente por los valores de un buen ciudadano y las virtudes de un buen cristiano, dos categorías que están determinando un conjunto de comportamientos y actitudes, bien sea aceptables o censurables. Desde esta perspectiva, entre los comentarios más recurrentes es posible encontrar aquellos que delinean un ideal de ciudad moderna, abordando temas como la estética, la arquitectura y la higiene; un ideal de ciudadano moral, católico, cívico, obediente y una propensión política conservadora que entre líneas da cuenta de los principios sociales, económicos y políticos que según la cosmovisión de determinado grupo, deben regir la sociedad. Los discursos generalmente se debaten entre un juego dialéctico en el que sobresalen discusiones a través de las cuales se confrontan el bien y el mal, lo feo y lo estético, lo moderno y lo tradicional, lo conservador y lo liberal, lo moral y lo inmoral, lo local y lo extranjero, lo religioso y lo profano. Incluso, las noticias internacionales a menudo parecen escogidas de acuerdo a una voluntad ideológica. En términos generales, en los diferentes discursos del radioperiódico es posible identificar la presencia de una serie de referentes que están siendo coordinados por lo que el emisor del discurso ha definido como un ‘deber ser’ de ciudad y ciudadano.

Toda esta discusión alrededor de la ‘verdad’, de lo conveniente y lo inconveniente, ventiladas en el radioperiódico, de igual manera, están dando cuenta de cierto estado social y cultural de la ciudad, y a la vez, de la concepción de lo que significa para este contexto espaciotemporal la finalidad de un medio de comunicación masivo como la radio y el oficio del periodismo. Es en esta instancia donde toma fuerza en aquel ambiente provincial, cierta idea muy local sobre el potencial de los jóvenes micrófonos, a los cuales, entre otras cosas, se le adjudicaba una responsabilidad que iba mucho más allá de comunicar hechos estrictamente factuales y concretos; en este sentido, tanto la radio como canal, como el ejercicio profesional del periodismo, debían fungir como herramienta performativa, que de alguna manera contribuyera a la defensa y la protección de la sociedad, de las virtudes y del orden, a la vez que ayudara a impulsar el progreso material de la ciudad.

A propósito de un decreto promulgado por el ministro de comunicaciones que pretende regular la radiodifusión nacional, Recio se manifiesta sobre los requisitos y las cualidades que deben poseer los locutores radiales. En un fragmento de dicha nota titulada DECRETO SOBRE RADIODIFUSORAS, se lee lo siguiente:

(…) Con el decreto se buscan algunas medidas atendibles y provechosas. Que los locutores no sean gentes torpes e ignorantes, que lleven al exterior sensaciones de que somos una república incapaz siquiera de emitir en castellano nuestras ideas; que no se formen fuera del país, y aún dentro de nuestras fronteras, la impresión de que las gentes dadas al micrófono carecen hasta de los más elementales principios de lenguaje y corrección ideológica (…) (Radioperiodico Noticias y Comentarios, Boletín Nº 27, junio 6 de 1937).

En esta corta reseña se identifican dos características de idoneidad que, según Recio, debe poseer todo locutor de radio: por un lado unas cualidades y saberes intelectuales, y por otro, lo que ellos denominan ‘corrección ideológica’. La primera, alude a estas marcas que demuestran a los locutores como gentes ilustradas, intelectualmente capaces; características que se advierten en elementos como la utilización de un lenguaje elaborado, culto, depurado, que en el radioperiódico a veces resulta ampuloso; a la utilización de estrategias discursivas, de la retórica, de la argumentación, de las figuras literarias, y el fundamento con el que abordan la información y temas a menudo complejos como la política y la economía.

En lo que respecta a la susodicha ‘corrección ideológica’, esta característica pasa por el acopio de una serie de valores e ideologías consideradas correctas o deseables. Para ello, Recio se presenta a sí mismo en esencia, como un hombre fervorosamente católico, conservador convencido, y según él mismo se define, de clase media, todas ellas particularidades fundamentales que delimitan muchas de sus posiciones editoriales, las cuales pretenden reafirmar o ganar adeptos a tales o cuales posiciones. Es precisamente en esta instancia donde el presunto ideal de objetividad del que se habló párrafos atrás entra en conflicto y contradicción; en el momento en que las posiciones ideológicas que coordinan esta ‘corrección ideológica’ se vuelven reiterativas.

El radioperiódico y la manifestación del poder performativo de la radio

Valga en esta instancia traer a cuenta la tan discutida característica de los medios como reflejo de la manera en que se organiza la vida social y, complementariamente y en consecuencia, a su facultad como potenciales reguladores de la misma. Son precisamente esta característica y esta capacidad, elementos centrales para discutir el rol que pudo haber desempeñado la radio a través de un espacio como ‘Noticias y Comentarios’ durante el marco temporal aquí considerado.

A través de los discursos del radioperiódico de ‘La Voz del Valle’, es posible advertir como la radio efectivamente da cuenta del estado mental de un grupo social que afronta con mucho de esperanza, pero con otro tanto de incertidumbre, una serie de transiciones que viene asumiendo desde hace algunos años a causa de las transformaciones materiales, culturales y sociales, enmarcadas al interior de lo que los cientistas sociales han dado en llamar ‘modernismo’ y ‘modernización’. El radioperiódico se convierte en un intérprete de ellos y de alguna manera termina fungiendo como un intermediario, procurando regular, a veces alabando y a veces reprobando, aquellos procesos modernizantes de distinta naturaleza que vivía Cali durante la primera mitad del siglo XX.

Bajo el lente de un ferviente catolicismo y los principios de un conservatismo moderado, Ramón Elías Recio, interpretó y reflexionó acerca de los embates que sufría Santiago de Cali, la cual está consolidando un tránsito de aldea premoderna a ciudad moderna y capitalista. A través de los discursos radiales de un individuo cómo Recio es posible intuir la mentalidad de todo un grupo social, que deposita en el desarrollo material de la urbe toda su esperanza, la cual se materializaba en el fortalecimiento de la industria y la manufactura, y en el desarrollo urbano, arquitectónico, higienista y estético. Pero a su vez, este mismo sector manifestaba su temor al cambio en términos sociales, culturales y morales lo cual se evidenció en aquel apego irrestricto a los valores morales cristianos tradicionales, la protección de los intereses nacionales en materia económica y cultural, y el sometimiento tanto a las autoridades civiles como a las jerarquías históricamente constituidas por las élites. Todo un conjunto de ideologías e ideales de ciudad y ciudadano amenazados por unas corrientes subversivas exógenas como lo eran la secularización, el marxismo y el advenimiento de capitales extranjeros, los migrantes considerados indeseables, la apropiación de los artefactos tecnológicos como el cine, y hasta la llegada y los ritmos musicales diferentes a los criollos. Todas estas particularidades dan cuenta de una sociedad que no terminaba de madurar y encajar plenamente al interior de unas lógicas modernas y que por lo tanto se resistía a ver cómo se transformaban muchas de las características que tienen un fuerte arraigo decimonónico.

Son todas estas posiciones, todas estas noticias y comentarios, alrededor de estos tópicos de la historia de Cali durante las primeras década del siglo XX, y emitidos por el radioperiódico, los que ayudan a esclarecer algunos rasgos fundamentales de la radio en sus orígenes como un canal de mediación ideológica de la realidad, de la historia de las sociedades, recreando sentimientos, ideales políticos, miedos ontológicos, incertidumbres sociales, arquetipos espirituales, etc.

Al procurar un acercamiento a los discursos del radioperiódico ‘Noticias y Comentarios’, y al contrastarlo con unas condiciones históricas específicas es posible comprender que los medios de comunicación por un lado, terminan constituyéndose en un claro reflejo de la manera como se organiza la vida social en un momento determinado y, por otro, complementariamente, se convierten en un potencial regulador de la misma difundiendo ideas y percepciones alrededor de lo bueno y lo malo, lo deseable y lo inconveniente, lo digno de ser conservado por estar arraigado en la tradición y lo que definitivamente había que cambiar al ritmo de los vendavales modernizantes. Es en esta instancia donde resulta significativo resaltar el papel que algunos analistas le ha adjudicado a los medios masivos de comunicación como canales a través de los cuales se ha practicado un sistemático ejercicio de hegemonía, de poder, de legitimación de las ideas predominantes o convenientes a ciertos grupos sociales en manos de los cuales se encuentran estos medios.

Teniendo clara esta posición, es posible afirmar entonces, que la radio en sus orígenes, y como reflejo del espíritu de la época, consciente o inconscientemente contribuyó en la definición de la imagen social de sus radioescuchas. Algo que puede verificarse de acuerdo a Reynaldo Pareja (1978, p. 38) a través de las mismas radionovelas, las cuales ayudaban a fortalecer los valores religiosos, sociales y familiares a la vez que justificaba la manera en que estaba organizada la sociedad en términos de clases sociales y/o jerarquía de poder, es decir educando a los individuos como consumidores de un modelo de sociedad específico. En este orden de ideas, la radio entra a desempeñar un papel social relevante como un canal a través del cual los radioescuchas precisan o ratifican una definición de la vida social, creando y vendiendo una imagen de sí mismos al interior de una comunidad, mostrándoles cuál es el lugar que deben ocupar. De igual manera la radio en este contexto ayuda a precisar una imagen de sociedad, insinuando arquetipos ideales, ratificando costumbres y valores.

Ciertamente, ya fuera de forma consciente o inconsciente, al interior de aquella representación del orden y la necesidad de conservarlo, Recio defiende los valores y las jerarquías históricamente constituidas desde arriba. No se puede pasar por alto tampoco aquella discusión que asevera que tanto ayer como hoy, los medios de comunicación han sido considerados funcionales al poder y a las ideologías de quienes los controlan. De acuerdo a Reynaldo Pareja, “Desde el primer momento de su aparición en Colombia, la radio estuvo en manos de la empresa privada cuyos miembros pertenecían a una clase social: la burguesía” (1984, p. 24); este grupo social, de acuerdo a analistas marxistas como Mattelart, ha echado mano de los medios masivos de comunicación como la radio para reproducir una serie de ideologías y en general, unas maneras de concebir la sociedad y sus lógicas de funcionamiento, acentuando así formas de discriminación, de crítica y de legitimación de poderes y de organización de la sociedad.

Ahora bien, ¿cómo puede comprenderse esta relación que se establece entre productor de mensaje y el consumidor del mismo? María Cristina Mata (s.f), a pelando a los grandes teóricos del discurso massmediático como Néstor García Canclini y Eliseo Verón, analiza el poder que se puede ejercer a través de los medios de comunicación, proponiendo que es necesario superar la idea de que la cultura masiva es una cultura impuesta, a través de la manipulación, por ‘grupos poderosos’ capaces de seducir a ‘pasivos receptores’. De acuerdo a la investigadora, es más apropiado hablar de hegemonía que de dominación, entendida la primera como un vínculo que se sustenta más en el contrato que en la violencia y la imposición. Un contrato simbólico que representa un juego dialéctico: hegemonía – subalternidad, donde ambos sectores, de acuerdo a Mata, pactan prestaciones recíprocas. En dicho contrato, las clases populares, sustenta Mata, conceden a la hegemonía una cierta legitimidad consensuada. Lo cual implica que la persuasión que proviene del poder se sustenta más en el convencimiento y la seducción que en la imposición.

Esta sería, a la postre, una de las repercusiones más claras de estos discursos: afectar a la comunidad a través de las cogniciones sociales de alguna manera, consensuadas o legitimadas, que le permiten al receptor acoplar los mensajes que le llegan a una serie de imaginarios ya establecidos, a sus prejuicios y actitudes de grupo. De una manera u otra, no se trata de implantar ideas o conceptos nuevos, sino de reforzar opiniones o prejuicios ya existentes, o simplemente modularlos. Así, podría decirse que de algún amanera, el radioperiódico pretendió movilizar a los oyentes a partir del fortalecimiento de unos valores y creencias que poseen de antemano, a partir de lo aparentemente racional, pero con un buen componente emotivo. Ahora bien, no por ello, se debe considerar a los individuos como receptores pasivos y acríticos, una afirmación con la cual se pretende abrir un escenario a la discusión sobre el verdadero impacto de los medios de comunicación y sus discursos, en la sociedad.

Al interior de esta lógica es posible comprender por qué, por ejemplo, el radioperiódico puede hablar con cierto grado de familiaridad y apelando fundamentalmente a la tradición y a la emotividad, sobre la desigualdad natural entre hombres y mujeres, obreros y empresarios o entre ricos y pobres, tal y como se refirió anteriormente. Se comprende así, la propensión de este medio de comunicación por legitimar ciertos valores morales o de clase, ciertas ideologías políticas o intereses económicos. Indiscutiblemente esto no seria posible si no hubiese de por medio un precedente cultural e histórico que lo valida y lo legitima. Se reconoce entonces, que el poder que ejerce la radio más que coactivo, es un poder de tipo simbólico y persuasivo que opera a través de la mente y los imaginarios de los receptores, los cuales a su vez, se espera que tengan una incidencia sobre los actos de los mismos.

Sirva esta breve y escueta reseña no sólo para aportar algunos elementos que permitan reconstruir un poco la extraviada historia de la radiodifusión en Santiago de Cali, sino más ampliamente para aportar pistas, características para comprender la radio en un sentido mucho más amplio, advirtiendo el potencial que ha tenido de este medio de comunicación para representar y regular la vida social considerando su contexto espacio temporal específico, es decir las necesidades y el espíritu de la sociedad en el tiempo. Para finalizar vale la pena retomar lo propuesto por Amparo Cadavid:

La radio como mediadora deja de lado ese carácter de simple ‘objeto’ para evidenciar su potencialidad como creadora: ‘lee’ el mundo, lo ‘interpreta’ desde lo que ella es – sonido, distancia, intimidad, continuidad-. Ve los acontecimientos y crea, con ellos su contexto, imágenes propias que sólo de ella pueden provenir. Re-crea la realidad relievando los hechos que considera importantes y estructurándolos de acuerdo a su lógica, construye imágenes de lo que es el país, de lo que son sus conflictos; propone caminos de solución y, sobre todo, elabora un ‘orden del mundo’, una ‘gramática social’, de acuerdo con la cual radioescuchas lo entienden, se ubican dentro de él y se proyectan hacia esa sociedad. En síntesis, es también a través de la radio que la gente ve al país y se ve a sí misma (1999, p. 6).

Bibliografía

Fuentes Documentales

Centro de documentación del Departamento de Historia de la Universidad del Valle.

Radioperiódico Noticias y Comentarios. Emisora La Voz del Valle. Boletín Nº 1, Santiago de Cali: Noviembre 29 de 1936.

Radioperiódico Noticias y Comentarios. Emisora La Voz del Valle. Boletín Nº 27, Santiago de Cali: Junio 6 de 1937.

Radioperiódico Noticias y Comentarios. Emisora La Voz del Valle. Boletín Nº 94. Santiago de Cali: Diciembre 11 de 1938.

Fuentes bibliográficas

Cadavid, A. (mayo-jun 1990). La radio: imagen de unos y otros. Gaceta, 7, Bogotá, mayo/junio 1990. Citada por: Vásquez Zawadsky, C. Cartografías sociales de prensa, radio y televisión en el Valle. En: Cruz Kronfly F. (1999). Historia de la cultura del Valle del Cauca en el siglo XX (Ensayos). Santiago De Cali: Proartes.

Mata, M. C. (s.f.). Nociones para pensar la comunicación y la cultura masiva. Buenos Aires: Centro de comunicación educativa La Crujía. Curso de especialización “Educación para la comunicación”.

Montoya, M. J. (oct 1991). Historia de la radiodifusión en Santiago de Cali y algunas ciudades del departamento. Revista Despertar vallecaucano, 109.

Múnera, L. F. (1992). La radio y la televisión en Colombia. Santafé de Bogotá: APRA Ediciones.

Pareja, R. (1978). Balance del estado actual en que se encentra la investigación de radio en el país. Bogotá: FEPEC.

Pareja, R. (1984). Historia de la radio en Colombia 1929 – 1980. Bogotá: Servicio Colombiano de Comunicación Social.

Ulloa, A. (1992). La salsa en Cali: Cultura Urbana, música y medios de comunicación. Cali: Universidad del Valle.

Velásquez Gallego, F. (2003). Medellín es noticia: Periodistas que hicieron la radio en Antioquia 1935 -1975. Medellín: Biblioteca Pública Piloto de Medellín.

Publicado originalmente en la revista Historia y Espacio del departamento de historia de la Universidad del Valle.

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